Pantallas y Neurodesarrollo:¿Cómo encontrar el equilibrio en casa?

¿Por qué hablamos de impacto en el neurodesarrollo a partir del uso de pantallas y dispositivos? Si bien la tecnología forma parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes, el problema aparece cuando el tiempo frente a las pantallas reemplaza actividades esenciales como el juego, el descanso, la interacción con otros o el movimiento. Cuando esto ocurre, se pueden ver afectadas áreas cruciales del neurodesarrollo como:
La atención y la concentración. La regulación emocional y la tolerancia a la frustración. El desarrollo del lenguaje. La calidad del sueño.
Nuestro cerebro, sobre todo en edades tempranas, necesita experiencias reales. Requiere de juegos y vínculos presenciales que permitan el desarrollo evolutivo y saludable de estrategias, pensamiento y un procesamiento adecuado de la información. El desafío en la adolescencia y la gratificación inmediataActualmente observamos que incluso en adolescentes, el uso excesivo de redes sociales y contenidos de estimulación constante e inmediata puede generar dificultades para sostener la concentración, además de irritabilidad, ansiedad y una mayor necesidad de gratificación instantánea. Esto se traduce en "impaciencia" y grandes montos de frustración en situaciones que no pueden controlar. Como equipo, hacemos hincapié en recordar que la tecnología no debería funcionar como una respuesta automática frente al aburrimiento, el llanto o el pedido insistente de dispositivos. Dar una pantalla inmediatamente cada vez que la solicitan puede dificultar el aprendizaje de la espera, la autorregulación de las emociones y la tolerancia a la frustración, habilidades que son fundamentales para el desarrollo emocional. El objetivo no es prohibir la tecnología, sino aprender que puede usarse de manera recreativa, con consciencia y con el debido acompañamiento de adultos responsables.Herramientas útiles para implementar en casaPara acompañar a las familias en este proceso, les compartimos algunas pautas prácticas:
1.Establecer límites claros de tiempo y momentos de uso. 2.Evitar pantallas durante las comidas y antes de ir a dormir. 3.No ofrecer dispositivos de manera inmediata frente al malestar o el aburrimiento. 4.Sostener los límites con calma y coherencia, aunque aparezca la frustración. 5.Priorizar espacios de juego, lectura, deporte y actividades al aire libre con pares. 6.Supervisar y acompañar los contenidos que consumen. 7.Dar el ejemplo desde nuestro propio uso adulto de las pantallas. 8.Generar momentos de conexión familiar sin dispositivos para compartir tiempo y estar realmente presentes.
Acompañar el uso de la tecnología con presencia, límites y rutinas saludables ayuda a promover un desarrollo emocional, social y cognitivo más equilibrado para nuestros hijos.


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